Mostrando entradas con la etiqueta nacionalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nacionalismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de agosto de 2016

Mi lugar, la tierra...

Hace años leí este poema de Unamuno:

La sangre de mi espíritu es mi lengua,
y mi patria es allí donde resuene
soberano su verbo...

Estas primeras líneas siempre estuvieron resonando en mí. La idea que la patria se define por la lengua y que el límite (si es lo hay) se identifica con su uso. También me hace pensar en una patria grande que no necesita unirse y que nace con uno mismo.

Esta frase: la sangre de mi espíritu es mi lengua…, o sea, lo que da vida a mi espíritu, a mi mente o pensamiento es mi lengua, el idioma que hablo, que vivo, que siento... ese idioma también es mi frontera.

Cuando uno aprende idiomas, que no son de raíz latina o el mismo latín inclusive, puede ver con mayor claridad las relaciones del orden de las ideas. Siempre pensé sin una razón científica que ciertos idiomas ayudan más a mejorar la abstracción y por eso mismo a formar estructuras del pensar más desarrolladas. Los idiomas con declinaciones o que tienen un género neutro definido parecen más aptos a incentivar la abstracción que otros. Le costaría bastante a los hispanohablantes pensar en la palabra niño como género neutro, como en alemán, ¿acaso diríamos lo niño? o que el verbo se pueda ubicar al final de la oración; imaginemos la frase: el niño contento con su padre en la plaza juega; o pensar que niño pueda escribirse distinto dependiendo de la función que ocupe en la oración.  

La frase: donde resuene soberano su verbo... el verbo, verbum, o sea, la palabra debe ser soberana, debe reinar y reina en algún lugar; por ejemplo, en Argentina, donde convive el español con otras lenguas originarias, el español se impone, por estadística ciertamente, de hecho: mi patria no es la Argentina sino el español o castellano, como le gustaría a los puristas, o más aun, la patria de un colombiano no es Colombia sino el español y así…



Esta gran comunidad del español nos hace uno en lo heterogéneo. Es una gran patria, es una hermandad que puede pensar, expresar y sentir con confines compartidos. Por eso, puede no ofender el repudio a las líneas de los cartógrafos que son meras arbitrariedades regladas, marcadas en muchos casos por muerte y dolor; e incluso, que ciertos reclamos soberanos parecen no ser tan legítimos y ¿qué sería más patriótico que defender la soberanía de la lengua? O tal vez, ¿qué sería más patriótico que entender esta soberanía?